Es importante no confundir la autoconciencia con el autoconocimiento. Ambos conceptos son similares, pero tienen significados distintos.
Aunque la autoconciencia no trata directamente de conocerse a uno mismo como en el autoconocimiento.
La diferencia se define por una sola variable: el tiempo; la autoconciencia es conocerse o percibirse en tiempo real. El autoconocimiento se basa en la totalidad de tu historia.
La autoconciencia no puede incluir información pasada, mientras que el autoconocimiento puede sustentarse en hechos pasados.
Con aquella distinción definida podemos proceder a la premisa: la paradoja de la autoconciencia.
Se puede definir la autoconciencia como la capacidad de percibirse. Percibir tus emociones, sentimientos, reacciones.
¿Pero qué es lo que percibes realmente, la persona que has aprendido a interpretar a la perfección o tu yo verdadero?
Solo tú sabrás la respuesta a esa pregunta, y esa es la paradoja en sí. La lucha entre tus interpretaciones y la verdad.
Hay mil formas de interpretar algo, mientras que la verdad es solo una; es simple verla y aceptarla cuando se presencia.
El problema es que las interpretaciones están ligadas fuertemente a mentiras. Y si crees en ellas, no podrás ver la verdad.
Entonces, para ser autoconsciente de tu yo verdadero es necesario depurar las mentiras.
Esto se logra desafiando los hábitos o costumbres autoimpuestas, las cuales te otorgan seguridad siendo una versión diluida de tu verdadero yo.
Decides diluirte para encajar (estar seguro), pero a expensas de tu desarrollo y crecimiento.
Nadie quiere ser una versión diluida, pero la mayoría vive de esta manera definiendo sus capacidades y comportamientos por pasadas costumbres y no a base de su verdadero potencial e intereses actuales.
Cómo nos comparte Miguel Ruiz en La Voz del Conocimiento: “El único modo de cambiar tu historia consiste en cambiar lo que crees sobre ti mismo. Si te desprendes de las mentiras que crees sobre ti, las mentiras que crees sobre las demás personas cambiarán. Cada vez que cambias al personaje principal de tu historia, toda la historia cambia para adaptarse al nuevo personaje principal.”
Tener autoconciencia no debe ser una paradoja; puedes decidir desarraigarte de las interpretaciones y volver a tu yo verdadero…
Solo toma una decisión: desafiar tus hábitos y costumbres autoimpuestos que limitan tu verdadera expresión.

